Paseos por Córdoba: Una de las más relevantes obras de arte de todos los tiempos, Patrimonio de la Humanidad, un prodigio de equilibrio y armonía espacial resume la gloria de la arquitectura del Califato.

Mezquita: Levantada sobre la antigua basílica visigoda, la construcción de la primitiva mezquita duró apenas un año (786). Los emires y califas fueron ampliándola en los dos siglos siguientes. Abd al-Rahman III levantó un nuevo alminar y ensanchó el patio, al-Hakam II aumentó su profundidad hasta donde la proximidad del río lo permitía –y encargó a artistas de Damasco y Bizancio el deslumbrante mihrab–, y al-Mansur acometió la ampliación más espectacular, por el costado oriental. 

De la Judería al Campo de los Mártires: Del ángulo noroeste de la mezquita parte la judería, un laberinto de calles blancas y estrechas adosado a las murallas. Entre los abundantes comercios turísticos, se encuentran en esta zona edificios de interés como la Sinagoga, único ejemplo que permanece de las que había en la judería cordobesa. Fue descubierta a finales del siglo pasado y sometida a diversas restauraciones. Situada en la calle de los Judíos, su construcción está fechada en 1315; en el siglo XVI, reconvertida en iglesia, fue propiedad del gremio de zapateros. De planta rectangular, todas las paredes estaban cubiertas de labores ornamentales: se conservan las ricas yeserías de la parte alta. Una inscripción recuerda al fundador de la sinagoga, Yishaq Moheb.

Muy cerca está la Puerta de Almodóvar o de los Judíos, el único ejemplo que se mantiene de las grandes puertas medievales de la ciudad, del siglo XIV, realizada sobre la anterior del siglo X, cuando se llamaba puerta del Nogal.

Del río a la plaza del potro: Junto a la actual Puerta de Sevilla, con restos de un conjunto defensivo y pequeños fragmentos de época anterior al siglo x, arranca la muralla occidental que baja en dirección al río, obra cristiana de los siglos XIV y XV, con barbacana y foso. Por la avenida del Alcázar, junto al tramo de murallas cristianas, se distinguen algunos molinos musulmanes. Emplazados en la ribera del Guadalquivir, cerca del puente, su función era la de suministrar agua para el riego de los jardines del Alcázar y de la Mezquita. Uno de los más importantes es la noria de la Albolafia, que figura en el sello de la ciudad, y debe su nombre a un tal Abú l-Afiya. Se identifica con los restos de un antiguo palacio almohade. En el siglo XVI ya funcionaba como molino, y ha sido varias veces reformada.

De la Villa a la Corredera: San Nicolás de la Villa es una de las parroquias más antiguas de Córdoba, prototipo de las iglesias del período de la conquista fernandina, a partir de 1236. A pesar del tiempo, se distingue la estructura mudéjar original. Dispone de una airosa torre del siglo XV que aprovecha el antiguo alminar musulmán. El templo tiene dos puertas, la más antigua en el lado sur; la del norte, da al paseo Gran Capitán y es obra de Hernán Ruiz II en 1555.

Otros templos del ámbito de la Villa, son la iglesia de San Hipólito, fundada por Alfonso XI en 1343 como panteón real, pero cuyas obras no se finalizaron hasta 1736; la ermita de Nuestra Señora de la Alegría, del siglo XVIII y la iglesia de San Juan y Todos los Santos, que perteneciera al antiguo convento de la Trinidad, fundado en 1241.

De San Lorenzo a la Plaza de Colón: La parroquia de San Lorenzo se encuentra al noreste de la Ajerquía, la zona que quedaba fuera de las murallas. Su emplazamiento lo ocupaba una mezquita. El primer cuerpo de la torre pertenece al antiguo alminar, que Hernán Ruiz II transformó en 1555. Muy cerca, la iglesia de San Rafael se construyó a finales del siglo XVIII. Hacia el este, se sitúan el que fuera convento de los Trinitarios, y las murallas almorávides del Marrubial, de la cerca oriental.

En el barrio de Santa Marina hay otra iglesia fernandina, fundada en 1328, reformada en el siglo XVII. La plaza de Don Gome está presidida por uno de los edificios civiles más sobresalientes, el Palacio de los marqueses de Viana, cuyo origen se remonta al siglo XIV, que se conserva como museo. Destaca su escalera principal, sus catorce patios y numerosos salones. La iglesia de Santa Marina, corazón de esta collación; también pertenece a los templos fundados por Fernando III tras la conquista. En ella se funden elementos tardorrománicos y góticos, interpretados con inspiración mudéjar. En la plaza, un monumento al torero Manolete observa la fachada de la iglesia.

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